Aplicando el método Kaizen a tu rutina

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Aplicando el método Kaizen a tu rutina

¿Habías oído hablar sobre el método Kaizen alguna vez? Nosotros te adelantamos su significado hace unas semanas por Instagram; pero realmente se traduce en una sencilla ecuación con la que resolver tus problemas a la hora de avanzar en un trabajo, estudio o incluso en tu día a día.

Kaizen, del japonés, significa «mejora» o «cambio beneficioso». Literalmente es un término que en español se podría traducir como «mejora continua hasta alcanzar la calidad absoluta». En otras palabras, esta filosofía japonesa consiste en aplicar una serie de mejoras continuas y pequeñas, que son más efectivas que un solo cambio grande. Su gran poder yace en la capacidad de superar nuestra respuesta natural al miedo y poner fin (de una vez por todas) a la tendencia a la procrastinación.

Kaizen: cada día, un avance

Si bien es cierto que este término se utiliza con frecuencia en el ámbito laboral o profesional, a mí me gusta aterrizarlo a un entorno más cercano y personal, que creo que es desde donde todos debemos empezar a hacer un cambio. Que este método funciona es tan sencillo como asumir que a todos nos asustan o intimidan los grandes cambios, las grandes decisiones… Por lo que dividir una gran meta en pequeñas acciones, de primeras, suena bastante bien.

Cada día debe suponer un avance respecto al día anterior en cuanto a nuestro objetivo se refiere. Un paso tan pequeño que no te haga replantear la posibilidad de dejarlo, de procrastinar, de sentir que debes hacer un sobresfuerzo diario.

Una de las herramientas Kaizen más poderosas es hacerse preguntas sobre lo que queremos alcanzar: ¿cuál es el paso más pequeño que puedo dar para ser eficiente?, ¿qué puede hacer cada persona involucrada en el cambio?

«Un pequeño paso puede cambiar tu vida»

Robert Naurer escribe el libro «Un pequeño paso puede cambiar tu vida», basado en el método Kaizen. Este psicólogo estadounidense narra casos reales, y, en concreto, para terminar el post, me gustaría traer uno a colación, que creo que escenifica a la perfección el método.

Nos cuenta la historia de una paciente con problemas graves de salud, a la que, distintos especialistas, habían recomendado hacer media hora de ejercicio diario. Sin embargo, su situación personal se convertía en su principal barrera: «siendo una madre trabajadora con muy pocos recursos económicos, no disponía de tiempo que dedicar al deporte. Al terminar el día, solo le apetecía dejar la mente en blanco frente al televisor».

Fue entonces cuando Maurer le pidio que caminara en el sitio delante del televisor, un minuto al día. ¿Suponía esto la solución a su problema de salud? Por supuesto que no. Pero al mes de hacerlo, el hábito dio paso a que la mujer pudiera seguir caminando en el sitio durante cinco o diez minutos. Perdió el miedo al esfuerzo físico y comenzó a utilizar las escaleras en lugar del ascensor. Poco a poco introdujo cambios a su rutina de manera tan involuntaria que no tuvo tiempo de defender la permanencia de su excusa.

El enfoque Kaizen de la vida requiere un ritmo más lento y una apreciación de los pequeños momentos. No tengas prisa. Me parece una forma maravillosa de avanzar, ser conscientes, y alcanzar lo que te propongas sin perder de vista el camino que te ha llevado hasta allí.

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