Nuestro jardín interior o cómo estar a gusto con una misma

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Nuestro jardín interior o cómo estar a gusto con una misma

Eso de “estar siempre tranquila”, “paz mental” y “no pensar en nada al final del día”, suena a imposible desde que cumples cierta edad. Y no hablo de una edad avanzada… Es probable que desde los 18 te surjan ciertas preocupaciones; distintas a las de los 25 y los 30, pero como siempre digo, cada uno marca su propio umbral de preocupaciones. No creo que estar a gusto con una misma sea cosa de pensarlo y hacerlo, tiene un trabajo de fondo, un recorrido. Y a nosotros nos gusta decir que tenemos nuestro jardín interior mimado, verde y frondoso.

¿Jardín interior verde y frondoso?, ¿a qué te refieres?

Nos referimos a esa sensación de que todo está bien, de plenitud y conciencia tranquila. Tienes todo bajo control y una sonrisa relajada. Quizá tengas tareas pendientes, pero no están ocupando espacio en tu mente, sino que descansan organizadas en tu agenda. Y, así, todo fluye y eres capaz de disfrutar de una forma más consciente. ¿Identificáis la sensación?

Sin embargo, como todo jardín, huerto o plantación, si no le dedicas tiempo y lo cuidas… Las plantas se secan y, en esta metáfora, vendría a significar que estás más negativa de lo habitual, que sientes que las tareas se amontonan y no sabes cuándo hacerlas y que tus días están teñidos de una sensación de frustración continua.

¿Y cómo cuido de mi jardín interior?

  • Riégalo, pero sin ahogarlo: medita y trabaja los objetivos de forma realista para poder conseguir lo que nos proponemos. De nada sirve que te llenes de tareas que te terminen ahogando.
  • Quítale las malas hierbas. Pódalo: quédate solo con lo bueno, evita a toda costa retener lo que te hace mal. A veces cuesta, pero es necesario.
  • Utiliza un abono de calidad: a día de hoy tenemos mucha información a nuestro alcance que nos enseña los pilares de una buena alimentación. Recuerda, somos lo que comemos.
  • ¡Déjale en barbecho!: las vacaciones y los momentos diarios de relax son necesarios para recargar pilas. Nunca te sientas mal por ello.
  • Trasplanta para seguir creciendo: los cambios son necesarios, y no tienes por qué tenerles miedo. En algunos sentirás que tomaste una mala decisión, pero otros te darán la oportunidad de crecer como persona y avanzar.
  • Añade variedad a tu jardín: nuevas especies, colores, olores… que se traducen en conocer nuevos lugares y experiencias, con las que enriquecer y tener un jardín interior más rico y plural.

Piensa en él como una inversión en ti, en tiempo y momentos de felicidad. Cuanto más cuidado esté, mayores y mejores serán los frutos obtenidos. ¿Y lo bien que sienta cuando te vas a dormir satisfecha de lo que has hecho durante el día, qué? Eso es que tu jardín interior está mimado 🙂

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